Un año más llega el mes de septiembre, que tan poco le gusta a la gente. Se vacían playas y piscinas, y en su lugar se llenan aulas y oficinas. El calor sofocante empieza a disminuir poco a poco, y todo el mundo regresa a su rutina diaria.
Debo de estar dando la impresión de ser un adolescente sin amigos y amargado. Tampoco me preocupa mucho, la verdad. La opinión de los demás nunca me ha quitado el sueño. Soy como soy, y al que no le guste que no mire.
Por otro lado, en septiembre es mi cumpleaños. A finales, recién entrado el otoño, cuando las hojas empiezan a caerse de los árboles. En mi opinión el otoño es la mejor estación del año. No hace el frío del invierno ni el calor del verano, sino algo intermedio. Por norma general, y esto se puede aplicar a todo en la vida, lo mejor es el equilibrio.
Estoy escribiendo esto a pocas horas del primer día de clase, y la verdad es que estoy un poco nervioso. ¿Qué tontería, verdad? ¿Qué tiene que ver eso con lo anterior? Poco, ciertamente, pero, qué narices, este es mi blog y puedo escribir lo que me venga en gana. En fin, es una extraña sensación que me sube desde el estómago y se extiende por todo el cuerpo. No sé muy bien lo que es, pero empiezo a tener una ligera sospecha, y estoy seguro de que dentro de poco lo averiguaré.
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